La respuesta está clara. Eres de aquellos que no se lo piensan cuando le quieren dar un gusto al paladar. ¿Te seduce más una buena tarta o un plato de jamón ibérico? El hecho de que una persona prefiera un sabor dulce o salado tiene una base fisiológica y otra psicológica, y, explicaciones, muchas.

Por tanto, es tanto en la neurología como en la psicología, donde debemos indagar a la hora de desentrañar los factores que nos hacen más proclives a inclinarnos hacia lo dulce o hacia lo salado. Vamos a ver qué nos cuentan.

Lo que dice la neurología

Los expertos destacan igualmente que nuestra alimentación y el hecho de que prefiramos un sabor u otro, va a estar determinado por factores fisiológicos y psicológicos, como ya hemos adelantado.

Los neurólogos advierten que, en lo concerniente a la parte fisiológica, no es nada fácil de entender. La realización de experimentos con animales modificados genéticamente, han demostrado que los mismos, no perciben los sabores dulces. Sin embargo, en caso de sentir hambre, acuden a las aguas azucaradas, es decir, necesitan dulce.

Esto funciona así debido a los neurotransmisores de la dopamina, sustancia que también actúa en los casos en los que estamos faltos de energía y vamos en busca de dulce que nos haga un rápido aporte calórico.

Y es que el cuerpo es sabio. En el caso de las personas diabéticas, por ejemplo, sus cuerpos les mandan una clara información, que no es otra que fisiológica. Dejando a un lado esas necesidades, son más predominantes los condicionamientos psicológicos, a la hora de influir en la preferencia por lo dulce o salado.

Lo que aporta la psicología: la experiencia de la recompensa con los sabores

Asociamos lo dulce con momentos de fiesta, amigos, familia, celebraciones…el cerebro toma nota y etiqueta como favorable esa información. De tal forma que asociamos el dulce con la recompensa. No hace falta que tengamos hambre, pues lo que buscamos es activar en nuestro cerebro ese sistema de recompensa que nos hace sentir bien. Nuestra mente vuela hacia ensaimadas, flanes, un actimel… un compendio que nos encanta, sin duda.

Otra cosa es que no hayamos vivido esos momentos de celebración o, el caso de aquellos individuos que por cualquier motivo, hayan tenido una mala experiencia con el dulce, en sus casos, el sistema de recompensa no llega a activarse y, por tanto, tenderán siempre hacia lo salado.

¿A qué tipo de persona se asocia cada sabor?

Dulce: personas satisfechas, alegres y seguras de ellas mismas.
Salado: personas que suelen dejarse llevar por lo que la mayoría quiere.
Ácido: personas con pensamientos dispersos.
Amargo: personas insatisfechas con grandes deseos de cambios.
Cítrico: personas espontáneas y alegres, con metas a corto plazo en sus vidas.

Cómo influyen la maternidad y los primeros años de vida

¿Sabías que la leche materna puede condicionar nuestras preferencias? Por asombroso que parezca. Aunque todas tiendan al sabor dulce, algunas pueden serlo más que otras.
En función de eso, el bebé seguirá buscando el sabor dulce que le recuerde a la leche materna.

Por otra parte, también el líquido amniótico actúa como portador de la comida de la madre al feto. Por eso no debe llamarnos la atención que, un alimento que una madre ingiera frecuentemente durante el embarazo, termine gustando a su futuro hijo.

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